Afecto auténtico

Amor requiere sacrificio. El amor es sacrificio. Tendrás un buen matrimonio y vida romántica si aprendes a sacrificarte para tu cónyuge. Aprender a amar es aprender a sacrificar.

No podría contar el número de veces que he visto una de estas oraciones o alguna variación en el mundo de blogs católicos en línea. He leído la idea encapsulada en esas oraciones tantas veces que ya lo encuentro inquietante. Creo con todo corazón en las enseñanzas de la iglesia sobre el amor. Entonces ¿por qué me desconcierta que todos los artículos y blogs que leo mencionen que “el amor requiere sacrificio”? Es simplemente porque creo que estamos perdiendo de vista la clave; hay algo crítico que no se menciona lo suficiente o no se menciona en absoluto en la mayoría de los casos.

Hablamos incesantemente de cómo el amor requiere sacrificio y de cómo el sacrificio en el nombre del amor da vida. Jesús mismo vino a la tierra y sacrificó su vida para asegurarnos la promesa de esperanza en nuestra vida terrenal y en la vida después de la muerte, así que puedo ver de dónde viene esta noción. Aun con eso en consideración, encuentro problemático que cuando se trata del amor hacia tu pareja la conversación gira sólo alrededor del elemento sacrificial, y poca discusión se enfoca en por que te sacrificarías para esa persona en el primer lugar.

Yo creo que el amor romántico tiene dos partes: afecto, que es la parte sensible del amor, la que viene del corazón; y compromiso, que es la parte deliberada del amor que se compromete a hacer lo que se tenga que hacer. Cuando uno siente afecto hacia su pareja, y está comprometido a amarla o amarlo, el sacrificio se convierte en algo que uno quiere hacer, en lugar de ser algo que uno debe hacer. He de agregar, sin embargo, que no estoy hablando de deber en la vida matrimonial, ni sugiriendo que una falta de afecto amerita romper los votos matrimoniales, no soy para nada una autoridad para determinar la rectitud de un tema tan delicado. Escribo como alguien que aún está en la etapa de decidir con quién hacer ese compromiso y de entender las razones por las que lo haría.

Algunos años atrás, tuve la oportunidad de echar un vistazo a lo que compromiso sin afecto puede llegar a ser cuando un conocido mío demostró interés en mí. Era alguien que conocía desde hacía mucho tiempo y alguien que me constaba era un buen muchacho; estudioso, devoto, respetuoso, y disciplinado. Con eso dicho, no me sentía a gusto con él. El demostró interés en mí, y yo no respondí bien a sus avances porque él no inspiro ningún tipo de interés o afecto romántico en mí. Más que eso, algunas características sobresalientes de su personalidad no concordaban en lo más mínimo con las mías. Esto no era culpa de nadie; simplemente paso así. Estoy segura que si hubiéramos continuado pasando más tiempo juntos él se hubiera dado cuenta que yo no inspiraba afecto auténtico en él tampoco.

Ahora, hay que suponer que en un universo alterno hubiera sido forzada a casarme con este hombre o con cualquier otro que no inspiraba afecto auténtico en mí. Simplemente porque tendría el título de “esposo” y porque se espera que nos sacrifiquemos por nuestros cónyuges, se esperaría que yo me sacrificara por él. ¿Pero si quisiera sacrificarme por él? ¿Querría despertarme a las dos de la mañana para hablar con él por teléfono si esa fuera la única hora que los dos podemos hablar? ¿Querría poner como prioridad pasar tiempo con su familia? ¿Querría aprender a mejorar las peores partes de mi comportamiento para poder tratarlo como merece ser tratado? ¿Querría ir a recogerlo a la media noche cuando se le ponchó una llanta de su carro? ¿Querría esforzarme para respetar sus intereses aún si no los comparto en ninguna capacidad? ¿Querría hacer cosas mundanas con tal de simplemente poder pasar tiempo con él? ¿Querría usar mi tiempo y mi energía intentando encontrarle el perfecto regalo de cumpleaños? ¿Querría dejar al lado algo que yo quiero hacer para dejar que el elija? ¿Querría hacer siquiera una de esas cosas?

No, porque no lo amo.

Si nos enfocamos sólo en el requisito de sacrificio en el amor, nos arriesgamos a ignorar los sentimientos en nuestros corazones que nos guían e inspiran mientras hacemos decisiones importantes. Yo sabía en mi corazón que nunca sentí afecto auténtico para el hombre que describí anteriormente, y no estaba dispuesta gastar el amor íntimo que tenía para dar en alguien que no inspiraba afecto auténtico en mí. Al contrario, hay que suponer que estuviera hablando de alguien de quien pudiera decir esto: amo cómo me abraza, amo la sonrisa que aparece en su cara cuando ve algo chistoso, amo la paciencia que me tiene, amo su inmovible sentido de integridad, amo el cuidado que demuestra para sus seres amados, amo cómo nota los matices en mis expresiones, amo la expresión en su cara cuando está intentando figurar algo, amo su calmado y meticuloso uso de intelecto, amo que escucha todo lo que quiero y tengo que decir, amo que nota lo que los demás no, amo que esta guiado por su corazón más de lo que se da cuenta, amo cómo me ama. Por este hombre, con gusto me sacrificaría y lo amaría. ¿Por qué?

Porque lo amo.

Cuando encontramos a una persona que inspira afecto auténtico en nosotros, la amamos, y decidimos comprometernos en una relación con ella. En una relación centrada en amor, ese compromiso requiere sacrificio; requiere poner las necesidades y las preferencias de la otra persona antes las nuestras muchas, muchas veces. Cuando llega al matrimonio, es porque hemos encontrado a la persona que inspira afecto auténtico en nosotros de una manera que ninguno otro hombre o ninguna otra mujer ha podido, y esto hace que queramos comprometernos a esa persona de por vida. Amar a alguien a través de ese compromiso requiere una elección, pero lo que nos lleva al punto en que queremos hacer ese compromiso es afecto auténtico. Este afecto -este amor- es importante porque lo sentimos en nuestros corazones, y nos inspira a hacer un compromiso a la otra persona; a hacer decisiones que ponen el bien de la otra persona primero. Si no desarrollas ese sentido de afecto para la persona con quien estas, el deseo de hacer ese compromiso y esas decisiones no te va a nacer. Sin embargo, estamos hablando de la iglesia católica; si estás llamado al matrimonio, la iglesia espera que te cases por solamente una razón: amor. Debes de sentir afecto auténtico -amor- por la otra persona, cosa que guía tus acciones aun cuando la otra persona está siendo difícil de amar o las circunstancias en sí se ponen difíciles. A fin de cuentas, Jesús no se sacrificó por nosotros simplemente porque “tenía que” o porque se “esperaba de él.” Él quiso hacerlo porque sintió un gran amor por nosotros y eligió demostrarlo. Vino del corazón, no de un rígido sentido de deber. Por lo tanto, cuando buscamos una pareja y al final un esposo o esposa, no hay que estar dispuestos a sacrificarnos por quien sea; hay que buscar la persona que nos hace querer demostrar nuestro amor por ellos, con sacrificios y todo.

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