La pareja: donde comienza y donde termina

Hace unos cuantos meses, vi en un restaurante a los papás de una amiga con la que fui a primaria, secundaria, y preparatoria. Los dos estaban sentados en una mesa casi al centro del restaurante, y los ví desde la mesa de la esquina donde yo estaba sentada. Mientras esperaba mi comida, me fije en ellos por unos segundos. Estaban solamente ellos dos, ni mi amiga ni su hermano menor estaban presentes. Los papás de mi amiga estaban cenando y hablando tranquilamente, disfrutando la compañía el uno del otro. Después de unos segundos, me levanté a saludarlos, y les pregunte como estaba su hija, mi amiga. Con una sonrisa amable la mamá de mi amiga me contesto, “Pues ya sabes. Esta de aquí para allá con lo suyo.” Sin ningún esfuerzo consciente, registré las implicaciones de esto, les dije que me la saludaran cuando la vieran, y con eso los dejé para que continuaran cenando. Fui por mi bebida, y me regrese a mi mesa.

Desde ese día y hasta la fecha, se me ha quedado grabada en la mente la pequeña escena que había visto. Ví un momento de tiempo compartido entre sólo esposo y esposa. Era tiempo compartido entre una pareja con hijos grandes, hijos que en unos cuantos años van a moverse fuera de la casa familiar. Estos son hijos que estudian, tienen sus propios trabajos, y como cualquier otro pasan tiempo con sus amigos. Además, son hijos que si pasan tiempo con su familia. La realidad es que estos hijos ya no son pequeños. Van a seguir conviviendo con sus papás y amándolos, pero no siempre van a vivir con ellos ni ocupar la mayor parte de sus agendas. Lo que vi cuando me fije en los papás de mi amiga en el restaurante era la imagen del fundamento de una familia. Vi a las personas con las que comienza todo y también con las que termina todo.

Lamentablemente, en estos tiempos muchas familias están quebradas. Hay una gran cantidad de divorcios. Hay muchos niños que crecen sin convivir o siquiera saber de uno de sus padres. A pesar de que la estructura familiar ha sufrido mucho en años recientes, siguen existiendo parejas casadas y familias unidas. El fundamento de esos matrimonios y de esas familias y también de cualquier relación que produce a hijos es la pareja. Una mujer y un hombre en sí mismos forman una unidad, la que lleva a la creación de familia. La unidad inicial es la pareja, y esa unidad debe de estar ahí a través de todo lo que sigue y hasta el final. El que una pareja, esposo y esposa, siga junta toda la vida en una buena, saludable, y genuina relación dice algo de la calidad del fundamento de esa relación. Te dice que es bueno y firme, te dice que está basado en principios y que es capaz de permanecer contra los desafíos de la vida. Te dice que venga lo venga y pase lo que pase esa unión va a durar.

Para que sea posible este tipo de unión y matrimonio duradero, es necesario que desde el inicio haya un enlace, algo que los une y los inspira a estar y seguir estando juntos. Puede empezar con el enlace más simple pero también de los más poderosos: amistad. De ahí se puede desarrollar amor si es que no fue un interés o amor romántico lo que se desarrolló primero. Suponiendo que ambas cosas, amistad y amor, están presentes en la relación de una pareja, lo más natural seria asumir que para ambos el otro es importante, y no sólo por compromiso o “deber,” pero importante porque es alguien que aman y aprecian. Este sentido de importancia nace del corazón y se convierte en el deseo de amar, proteger, respetar, cuidar, y cumplirle a la otra persona. Este deseo de hacer todo por la otra persona es evidencia de un enlace de amor y cariño capaz de durar, de un amor como un fuego que se prende y jamás se extingue.

Por otro lado, existen parejas en las cuales los enlaces que los unen no duran. Hay parejas que tienen como enlace un intercambio de pasión pasajera, lo cual no es suficiente para asegurar respeto entre las dos personas o una relación con longevidad. Hay parejas que tienen tiempo juntos en un noviazgo y si demuestran tener algún tipo de afecto o interés genuino, aun si sólo por cierto tiempo; los dos llegan a tener sexo, y tienen un hijo. La vida nueva que trae un hijo es una bendición y debe de reforzar una relación afectiva ya existente, pero no debe ser un pegamento para enlazar y mantener juntas a dos personas que no se amaron desde un inicio. Un hijo no funciona como ese tipo de pegamento, y por eso se ven muchos casos en que dos personas que en un tiempo fueron pareja tienen un hijo y después de tenerlo no permanecen juntas. Muchas veces si trabajan juntos para proveer y cuidar del hijo, pero eso es una delegación de tareas entre dos personas que a final de cuentas sólo tienen en común un hijo y el deseo de darle lo mejor, lo cual es admirable pero insuficiente. Esto demuestra que el fundamento de la relación, lo que tenían las dos personas antes de participar en el acto que crea vida, no fue algo duradero. Los padres del hijo pueden seguir en contacto y colaborar para criarlo mejor, y lo pueden hacer con mucho amor hacia el hijo. Sin embargo, este “enlace” existe por el bien del hijo, y no demuestra el amor genuino que lleva a la preservación de la unidad de los padres. Aquellos enlaces basados exclusivamente en los hijos son evidencia de situaciones en las que la pareja, la unidad que es el fundamento de familia, no dura y lleva importancia disminuida.

Esta devaluación de la unidad de la pareja es no sólo triste, pero problemática. Si como una sociedad estamos dispuestos a relegar la importancia de la pareja, eso indica que no valoramos relaciones basadas en algo más que compromiso. Una pareja debe ser unida en matrimonio por amor mutuo entre las dos personas, no en una relación estrictamente funcional por el bien de los hijos. Esto supone que en la pareja, ambas personas son importantes el uno al otro.

Me acuerdo de estas cosas cada vez que pienso en una escena del programa One Tree Hill. En esta escena, el hijo pequeño de una pareja había sido secuestrado por su abuelo, quien no estaba mental ni moralmente sano. La mamá del niño naturalmente estaba en un estado de pánico mientras la policía intentaba encontrar a su hijo, y entre llantos dijo, “No sé qué voy a hacer. ¡Mi hijo es lo único que tengo en este mundo!” Al escuchar eso mientras veía el episodio, perdí todo enfoque en la trama; para mí escuchar eso fue el equivalente a escuchar a alguien rechinar las uñas en un pizarrón. Hice una mueca de disgusto, y se me vino un torrente de pensamientos llenos de sarcasmo y paradoja: “¡Ah, sí es cierto! En efecto no tienes a nada más que tu hijo. Tus amigos fieles no cuentan. ¡Tu esposo quien es tu mejor amigo, el padre de tu hijo, y el amor de tu vida tampoco cuenta! Si, en efecto no tienes a NADA ni a NADIE más que tu hijo.” Para este personaje, su comentario que su hijo es lo único que tiene en el mundo fue muy lejos de la verdad; tenía mucho y a muchos en su vida, pero eligió devaluar todas esas cosas y personas en un momento de crisis. A final de cuentas era una escena de un programa de televisión completamente ficticio, pero he escuchado que la ficción refleja algún tipo de realidad y esta escena hizo precisamente eso.

La realidad es que hay personas que devalúan a su pareja y muchas veces a otras personas en sus vidas. La mujer en la escena que describí estaba en pánico, lo cual es completamente comprensible considerando sus circunstancias, pero aun así lo que dijo fue completamente incierto considerando lo tanto que supuestamente amaba y valoraba a su esposo. El hecho de que un hijo tuyo desaparezca, crezca y se vaya a vivir a su propia casa, o por alguna razón no esté presente como lo estuvo en su infancia no es razón para actuar como si tu marido hubiera dejado de cargar algún tipo de importancia. Similarmente, el hecho de que no puedas concebir un hijo naturalmente no significa que tu pareja no ha servido su “propósito” o que deja de ser importante. En la mayoría de los casos, los matrimonios -y en estos días bastantes relaciones y hasta aventuras- llevan a  hijos, pero los hijos no son la raíz de la familia ni la finalidad del matrimonio. La pareja es la raíz de la familia, y la relación y conexión entre las dos personas que la constituyen es valiosa e importante. Es importante recordar esto, especialmente porque hay una tendencia de presentar “el matrimonio de tal manera que su fin unitivo, el llamado a crecer en el amor y el ideal de ayuda mutua, quedó opacado por un acento casi excluyentemente en el deber de la procreación.”[1] Una pareja puede ser infértil y no poder llegar a tener hijos, pero eso no significa que esa pareja vaya a carecer de un enlace duradero y amoroso. Esto es porque los hijos no son lo único importante que sale de un matrimonio. Si están presentes, son muy importantes -de esto no hay duda- pero no son lo único. Es por eso que parejas que no pudieron tener hijos; que tienen hijos ya crecidos y fuera del nido; o que tristemente han perdido a uno o varios de sus hijos pueden permanecer juntas. Son parejas que encuentran felicidad en una buena relación que se convirtió en un matrimonio, algo que no depende de la presencia de hijos. Estas parejas encuentran felicidad en la amistad y el cariño que comparten ellos dos.

Esto pasa porque para cada persona en la pareja, ser parte de la familia es tanto estar cerca y presente en las vidas de los hijos como estar cerca a su pareja. Hace rato, escuche a alguien decir que es importante “que el padre esté cerca de sus hijos mientras crecen,” pero también es que “sea cercano a la esposa, para compartir todo, alegrías y dolores, cansancios y esperanzas.”  El hombre no sólo es padre, sino que es un esposo, y su valor también viene en gran parte de su presencia como una persona en la pareja. Esto aplica igualmente a la mujer; quien es tanto madre como esposa, y cuyo valor radica en ambos roles. El hombre y la mujer no deben de estar juntos como pareja en una relación estrictamente funcional: valorando al otro solo por su función como padre o madre. Las dos personas en la pareja deben de ser importantes uno al otro por el amor y cariño compartido entre ellos y  todo lo que viene de esas cosas.

Es precisamente eso lo que vi cuando me fije en los papás de mi amiga: una unión que ha durado y que va a seguir durando en gran parte porque hay más que tiempo y compromiso funcional que los une. Estas parejas están unidas por amor, cariño, metas comunes, e historia compartida. Es algo que también he visto en los matrimonios de mis padres, mis abuelos, mis padrinos, y otros; comparten más que ser padres de los mismos hijos. Esto es importante porque “en el mundo real también se aprecia el testimonio de los matrimonios que no sólo han perdurado en el tiempo, sino que siguen sosteniendo un proyecto común y conservan el afecto.”[2] Parejas que logran este tipo de matrimonio crearon sus relaciones con una base de la amistad y el amor. Han pasado por tiempos buenos y malos juntos. Han hecho muchas bellas memorias juntos. Se han desarrollado y han crecido juntos; han perseguido sus metas juntos. Han tenido y criado hijos, y han permanecido juntos no simplemente por el bien de ellos. Se mantienen juntos por la amistad y el amor que compartieron uno para el otro desde antes que nacieran sus hijos. Se mantienen juntos porque han compartido la experiencia de ser padres y porque han vivido algo que es raro en estos tiempos: amar y permanecer con la persona con la que tuvieron hijos. Lo que aquí ocurrió no fue que hombre y mujer fueran usados como un instrumento para procrear y otorgar placer momentáneo; lo que ocurrió fue que dos personas se amaron e hicieron un compromiso en base a ese amor, y una vida entera resulto de eso.

Al ver los papás de mi amiga en ese restaurante, vi este tipo de pareja, y me fue recordado que es de la pareja que viene todo lo demás. Compromiso, memorias, nueva vida, un enlace y amor que hasta la muerte superan. Todo esto sale de una pareja que tiene un buen fundamento para la relación. Al inverso, si una pareja no tiene un buen fundamento no será extraño que ocurran cosas malas. Sería poco contemplativo no ponerle atención a las parejas: ¿Con quién sales, con quien compartes tu tiempo y tu amor, con quien decidirás casarte y compartir tu vida? Al iniciar una relación, se debe de tomar en cuenta que la pareja es la unidad que tiene el potencial de ser todo o de ser un ancla. Y, si basada en amor, es la unidad de las personas con las que comienza todo y con las que termina todo.

[1] Amoris Lætitia 2016, 29.

[2] Amoris Lætitia 2016, 30.

 

One thought on “La pareja: donde comienza y donde termina

  1. Chrinstine says:

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